TÉCNICO
¿Cuáles son las implicaciones del dominio casi absoluto de un sólo sistema constructivo? 

Los avances tecnológicos que marcan pauta en toda actividad productiva no han dejado de lado la industria de la construcción: nuevos materiales, nuevos sistemas constructivos se experimentan, producen y utilizan con asombrosa constancia en países desarrollados. Es necesario cuestionar por qué la ciudad de Monterrey desconoce por completo esta línea de innovación constructiva.

Es cierto, los recursos destinados a la investigación científica y a la ingeniería de materiales son radicalmente diferentes en México y países como Estados Unidos, Japón, Holanda, Inglaterra, pero probablemente hay que dirigir la mirada hacia el final—y no solo al inicio—de la línea de producción en búsqueda del problema. Para cada producto innovador que aparece en tales mercados existe un comprador en potencia, es decir, un arquitecto dispuesto a incorporar a su diseño un nuevo material, un ingeniero dispuesto a construir con un sistema diferente al que domina, un cliente que desea una obra de arquitectura acorde a su tiempo.

El factor distintivo es entonces la cultura. Monterrey ha basado su importancia económica en la industria del acero, del cemento, del cristal. Esta condición económica no se tradujo socialmente en la experimentación constructiva o en la pujanza arquitectónica, ni siquiera por un regreso a la tradición constructiva vernácula (completamente viable en un ambiente físico donde las temperaturas extremas evitarían seguir las enseñanzas del movimiento moderno). La consecuencia fue lo más burda posible: la adopción generalizada de los medios de construcción más “sólidos” posibles.

La casa regiomontana se construye con block de concreto, sin cuestionar. Algunos sistemas constructivos  como el concreto celular autoclave o el sistema de construcción con páneles de yeso son catalogados como “nuevos” en Monterrey (aunque otros países han  construído con ellos durante 80 años), lo cual es indicativo de su condición de paria en el mercado. Las ventajas competitivas de estos productos—ligereza traducida en menores tiempos de construcción y ahorro en estructura y cimentación, menor transmisión térmica que se traduce en menor costo de climatización, mayor precisión constructiva que se traduce en menos residuos y menos desperdicio de material—se ven opacadas por la universalidad del block de concreto.

¿Cuáles son las implicaciones del dominio casi absoluto de un sólo sistema constructivo? De inicio es posible percibir que se maneja un menor costo inicial y la certeza de que cualquier contratista o albañil contratado sepa construir con él. A largo plazo, habría que esperar también una mano de obra poco especializada (un constructor estadounidense bien pagado puede levantar un muro de block con menores imperfecciones y menos residuos que el albañil mexicano promedio, que no ha sido técnicamente capacitado, y al cual se le escatima su sueldo), una construcción que está estructuralmente sobrereforzada (la casa regiomontana promedio tiene una carga viva irrisoria comparada con su peso propio), tiempos de construcción más largos (tiempo es dinero), mayores costos por mantenimiento del edificio y confort del usuario, así como la falta de una competencia de mercado que pueda hacer más competitivos los precios de construcción.
Es muy alto el costo por cerrar los ojos a nuevas posibilidades constructivas—y se incrementa cada vez que alguien golpea con su puño una pared y exclama satisfecho, “Esto es tecnología”.

Ing. Oscar Fdo. Mendoza Lozano
El eje zeta, agrupación de diseño.
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